España, Alemania y Belén Esteban

Llegar al Gobierno no es llegar al poder. Y mucho menos, tenerlo. Sino que le pregunte al binomio Tsipras & Varoufakis que, tras su triunfal entrada en el Ejecutivo heleno, y su posterior gira por los principales ministerios de economía de la eurozona, se han topado de bruces con el muro alemán. El presidente y su lugarteniente han vuelto a Atenas con las orejas gachas después del varapalo sufrido en el Eurogrupo, dueño y señor del destino de todo lo que se sitúa entre Berlín y Gibraltar. Las ambiciosas medidas sociales, económicas y tributarias con las que atacó Varoufakis chocaron una y otra vez contra un Dijsselbloem más preocupado de proteger los intereses germanos que de escuchar las propuestas que llegaban desde el recién elegido Gobierno de Syriza.

Dijsselbloem, head of the euro zone finance ministers' group, and Greek Finance Minister Varoufakis shake hands after their common press conference at the ministry in Athens

Un pacto final del que Grecia vuelve a escapar maniatada, aunque con ligeras concesiones para maquillar un nuevo zarpazo a la soberanía del pueblo griego, y de paso, para que Syriza pueda presentar ante los suyos una victoria a medias. Todo a la espera de ver como un electorado ansioso de echar abajo cualquier vestigio de anteriores gobiernos asimila este pacto. Para empezar, Varoufakis, al más puro estilo de su antecesor Leonidas en las Termópilas, ha luchado hasta el final contra un rival que le superaba en número cien a uno, y ha corrido la misma suerte que el Rey de Esparta, capitulando ante todas las consignas que prometió defender. La fuerza de “las cien naciones del Imperio Persa“, -europeo en este caso- han llevado al mediático guerrero a hincar rodilla y, a grandes rasgos, admitir que subirá el IVA, no aumentará el gasto social y tocará las pensiones. Los detalles del acuerdo, por otra parte, son de dominio público: ampliación de cuatro, no seis, meses y la “obligación” de finalizar “con éxito” el programa actual de reformas. Un patadón en largo y a seguir jugando hasta dentro de cuatro meses, cuando los de Tsipras prometen regresar a Bruselas con nuevas armas bajo la manga.

guindosEn medio de todo el polvo, Bloomberg informaba, una vez concluido el Eurogrupo, que un ministro de finanzas había sido especialmente incisivo con su homólogo griego, llegando incluso a gritarle, algo que después han intentado matizar. Se trata, ni más ni menos, que de Luis de Guindos. El titular de la cartera de economía española se alzó como defensor de la austeridad más dura en el antiguo continente llegando a eclipsar al adalid en la materia, el ministro alemán Wolfgang Schaeuble, tal y como informaba la publicación americana.

“As euro-region finance ministers turned the screw on Greece in Friday’s talks, the group’s usual enforcer, Wolfgang Schaeuble of Germany, was eclipsed by Spain’s Luis de Guindos.”

Una forma de jugar, la de arrimarse al sol que más calienta, que no es nueva en absoluto, y que media España ha visto como se ha ejecutado a la perfección en la presente edición de Gran Hermano VIP, cuando un enjambre de participantes ha revoloteado sin cesar al calor de la, antes princesa, ahora bruja del pueblo. Todos con el mismo objetivo, ser el favorito de quien ostenta el poder. Así, De Guindos ha puesto en marcha la maquinaria de campaña con dos objetivos bien definidos. En primer lugar, evitar la mínima concesión de Europa a Syriza que se convierta en un nuevo puñado de votos para Podemos. Con esta maniobra, el autor de la famosa “no es un rescate, sino un préstamo en condiciones favorables“, espera negar cualquier victoria real o moral a los aliados griegos del enemigo público número uno, y demostrar así que no existe ninguna alternativa real a la forma de gobernar de los partidos tradicionales.

Podemos-Syriza

Mientras, De Guindos se ha autonombrado capitán general de la austeridad europea y punta de lanza contra el corazón griego, y no por los supuestos 20.000 millones de euros que el Tesoro tiene comprometidos en el país heleno, puesto que en el improbable escenario de una ruptura unilateral y posterior salida griega de la Eurozona, el coste para las arcas españolas superaría con creces esa cantidad. Sin contar con la inestabilidad que sembraría a orillas del Mediterráneo, metiendo fuego a los incipientes brotes verdes y tumbando la posible reelección de los populares. El fin es claro, evitar que Podemos recoja argumentos con los que envestir a la vieja guardia política.

En segundo lugar, se encuentra una aspiración personal de De Guindos, suceder al presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, al frente de la institución comunitaria cuando finalice su mandato durante este 2015. ¿Qué mejor forma de elevarse al trono financiero europeo que agasajar y defender al país que domina con puño de hierro el paso de la economía de la zona euro? Así con todo, el ministro español, de nuevo, se vuelve a cobijar bajo el paraguas del fuerte de la clase con el objetivo de establecer alianzas, captar socios y levantar un muro contra los movimientos político-ciudadanos que están surgiendo en los distintos países reclamando una forma de gobierno más cercana a los interés de los de abajo, que de los de arriba. El problema es, como se está viendo en la casa de Guadalix de la Sierra, que si te  acercas demasiado al sol que más calienta, corres el riesgo de salir ardiendo.

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