Treinta segundos

Bajo el inexorable mandato de los números, la súper banca mundial se ha vuelto a colocar a los pies de los caballos. Y digo súper, porque no hablamos de grandes entidades, no. Nos referimos a los cinco amos de la galaxia bancaria, aquellos bajo cuyo mandato se encuentra el mundo civilizado. El pasado jueves se ha conocido parte de la sentencia contra Citibank, HSBC, Royal Bank of Scotland, UBS y JP Morgan Chase en la causa que los reguladores financieros de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza mantienen contra estos por alterar la tasa de cambio del Forex, el mercado global de divisas. Según los autoridades, varios traders que operaban bajo las cinco firmas conspiraron durante varios años (2008-2013) para modificar a su antojo el precio con el que se intercambian divisas a lo largo del globo, con el fin de beneficiar los intereses de su banco en perjuicio de sus clientes. Una nueva cornada a la maltrecha imagen que la banca se ha construido desde la explosión de Lehman Brothers. Una estafa cuya multa conjunta -no es definitiva-, se eleva hasta los 3.500 millones de euros y ha costado la cabeza a varios directivos de la City, donde se realizan el 60 por ciento de las operaciones de divisas.

jpmorgan

Pero, ¿cómo lograron un conjunto de traders que utilizan grupos de chats en los que se hacían llamar “Los Tres Mosqueteros” o “El Equipo A”, manejar a su gusto una tasa bajo la que se efectúan operaciones por valor de cinco billones (con B) de dólares cada jornada? En este mercado global e ininterrumpido -opera las 24 horas del día-, las entidades de todo el mundo compran y venden divisas, pero como todo, “está regulado” por una serie de tasas que son las encargadas de fijar el precio con el que tratar a una divisa. La más común y utilizada es la llamada “The 4pm Fix” o “The Fix”. De esta forma, las instituciones registran el precio al que se está comprado y vendiendo una moneda en un momento fijo concretamente, las 16.00 horas (GMT), y se basan en la tasa existente 30 segundos antes y después de las cuatro de la tarde. Así, se establecen dos índices, uno para las compras y otro para las ventas, unos valores que fluctúan durante la jornada y que las compañías desconocen en que punto se encuentra en el momento de realizar la operación. En función de lo que dicte la fotografía, las diez divisas más importantes del mundo serán movidas por todo el mundo. Lógicamente, el banco gana si consigue vender a sus clientes divisas a un precio superior al que ellos las han adquirido. Y es precisamente en ese arco de treinta segundos, en el que los traders atacaron con fiereza durante los años investigados.

Conectados en línea en los distintos chats, los agentes de los distintos bancos, compartían información confidencial sobre las intenciones de compra/venta de sus clientes, y maquinaban para compartir operaciones. Así, acumulaban un montante económico mayor con el que elevar o depreciar el valor de una moneda. Llevado al ejemplo:

trading-floor-slider– Un operador del Banco A quiere comprar 200 millones de euros a cambio de dólares, y  con el fin de obtener una ganancia, busca estirar de forma artificial e intencionada el precio del euro frente al dolar -algo que perjudica a sus clientes, los cuales obtendrán menos plusvalías-.

– Para llevar a cabo esta operación de microcirugía financiera se pone en contacto con otros traders de distintas compañías con los que coordinar las distintas compras y ventas de monedas que estos quieren realizar con el objetivo de aumentar, de forma mínima, pero suficiente para obtener una jugosa ganancia, el valor del euro.

– Tras hacerse con varias órdenes de compra de los colegas del chat, las cuales son confidenciales, el agente del Banco A consigue un volumen de operaciones cercano a los 500 millones, lo que supone 300 más de los que él quiere adquirir. 500 millones son más que 300 millones, de esta forma, el grupo consigue una cuantía suficiente para empujar hacía arriba el precio del euro frente al dolar. ¿Cómo hacerlo?

– Durante la horquilla de treinta segundos que van de las 15.59.30 GMT a las 16.00 GMT, el trader inicial, y que ha puesto en marcha el entramado en cuestión, dispara con todo su potencial bélico -500 millones de euros-, y logra que, en esa minúscula ventana que se abre, el valor de la moneda comunitaria se estire las centésimas necesarias.

– Así, con un precio artificial, el Banco A puede vender a sus clientes esas divisas a un valor superior al que estos las han adquirido, gracias a que el índice establecido para la compra/venta ha quedado fijado en los parámetros que estos querían. Siempre superior al que ellos realizaron la compra.

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– Es decir,  compraron sus 200 millones a, por ejemplo, 1,333 dólares, pero, al haber comprado otros 300 millones a mayores han conseguido que el precio del euro frente a la moneda americana suba para la “foto finish” hasta los 1,340 dólares. Una cantidad insignificante para el común de los mortales, pero muy apetecible si tienes que manejar cientos de millones al día.

– En resumen, el trader del Banco A contacta con otros operadores para amasar órdenes confidenciales de compra y así, poder influir al alza, o la baja, en el índice que marca a las 16.00 GMT la tasa de compra/venta de monedas durante esa jornada, para poder después hacer negocio con sus clientes. ¿Hoy voy a vender muchos euros? Estiro el precio del euro frente a otras monedas comprando muchos euros antes de “the 4pm Fix”. ¿Hoy voy a comprar muchos yenes? Rebajo su precio desprendiéndome de mucha divisa japonesa antes de la hora que marca el precio para la siguiente jornada.

UBS offices in New York

Una complicada y elaborada operación de la más alta ingeniería financiera que ha llevado a los cinco mangantes magnates de la banca al banquillo de los acusados. El más claro ejemplo de que estos sabían que simplemente “les habían pillado”, reside en como todos habían aprovisionado fondos y destinado beneficios del último ejercicio para hacer frente a las distintas sanciones impuestas por las reguladoras. Una muestra más de la saciedad de las entidades financieras en su afán por amasar beneficios y hacerse con el control de los distintos mercados en los que operan. Una muestra más de la falta de ética de una profesión marca a fuego por el estigma social derivado de la crisis inmobiliaria de Estados Unidos, y el consiguiente crack económica mundial, con los consiguientes rescates a entidades con dinero de los contribuyentes. Una muestra más, y no será la última.

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