“Usted era el Presidente”

El día en el que Ben Bradlee, uno de los últimos titanes del periodismo, y editor del Washington Post durante el caso “Watergate”, dejaba huérfano al sector de la comunicación, han aflorado en distintos medios el audio de las sesiones del Juez Andreu durante la instrucción de la causa que investiga el uso de las “ghost cards” en Caja Madrid y Bankia. A un lado del ring, Miguel Blesa, presidente de Caja Madrid desde 1996 a 2009 y con 436.000 euros “black” en su haber , al otro, Rodrigo Rato, presidente de Caja Madrid y Bankia entre 2010 y 2012 y una factura de 44.200 euros. Unas comparecencias que vuelven a mostrar la incompetencia de aquellos que llevaron a una de las mayores cajas a nivel internacional a la ruina total. Sin embargo, de sus palabras se extraen una serie de frases que casan a la perfección con ese insalubre hábito de la clase dirigente de tomar al resto por idiotas. Me explico, tanto Rato como Blesa reiteran hasta la saciedad no conocer los mecanismos que regían el uso, límite, tributación o naturaleza de las tarjetas opacas, y ambos apuntan directamente hacía José Sánchez Barcoj, el creador de la bestia que se ha tragado más de quince millones de euros, como responsable. De hecho, Blesa llega a decir, “cuando yo llego allí, no pregunto por el fundamento normativo de todas las actividades”. Este es el problema de aquellos que llegan al cargo gracias a la agenda del teléfono y no a los méritos propios.

Miguel-Blesa-declara-caso-tarjetas-fantasmaMientras el juez y el fiscal anticorrupción seguían minando las férreas resistencias de los dos ex presidentes, continuaba la defensa de ambos que se resume en un “yo pasaba por allí”. Precisamente, dónde reside el quid de la cuestión, que no es ni más ni menos que conocer si los gastos cargados en la cuenta 2038 0600 91 6000000084, formaban parte de la retribución de los consejeros, se han escuchado alguna de las mayores barbaridades.  Por una parte, Blesa señala que estas suponían “un complemento retributivo” que podía disfrutar “libremente de ella para gastos”, a lo que el fiscal rápidamente corrigió con un “para gastos no, para gastar”. Unos cargos que según el propio acusado, es “una práctica habitual, consuetudinaria e institucionalizada desde 1988”. Agárrense, los quince millones puede ser la punta del iceberg.

Rato, por su parte, insistía en su total desconocimiento de la situación, y se excusaba con una versión moderna de la famosa “la parte contratante de la primera parte…” de Groucho Marx. “Si no se contabilizaba como remuneraciones, no lo puedo saber, si las personas que contabilizaban las remuneraciones, no lo contabilizaron como remuneraciones, a partir de ahí no lo puedo saber”, a lo que el juez, respondió ácidamente con un “de acuerdo, yo tampoco”. Unas palabras que juez, fiscal y 45 millones de españoles no se creen. Quizás ni ellos mismos creen lo que dicen. Porque el problema no es si estos tenían unos sueldos desorbitados, sino determinar por qué el saco de dinero arrancado de la caja de quebrantos no pasó por el control de Hacienda durante más de diez años.

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La dura partida de ajedrez librada entre acusado y magistrados, lleva a Blesa a patinar sobre la cuerda y precipitarse al vacío contando algo que, por otra parte, es de sobra conocido a estas alturas del guión. Así, el hombre puesto a dedo por José María Aznar al frente de la caja madrileña asegura que al Banco de España, máximo órgano supervisor y regulador de la actividad bancaria nacional, no se le informaba puntualmente de las retribuciones de los consejeros.  “Al Banco de España no se le cuenta con detalle nada salvo que te pregunte”, responde. Y tan ricamente. ¿Cómo es posible que la principal caja de ahorros del país no tenga la obligatoriedad de explicar, punto por punto, el completo de las retribuciones de sus altos cargos?

El Juez cree que durante su época como presidente de Caja Madrid, Miguel Blesa multiplicó por diez el límite de gasto de las tarjetas opacas. 

Sin embargo, el momento álgido llegó cuando se les cuestionó sobre la tributación de los fastos cargados a las tarjetas vinculadas a la cuenta de quebrantos de la entidad, la misma en la que el banco anotaba el dinero no recuperable de las tarjetas robadas. De nuevo, los expresidentes se atienen a su “esto estaba así cuando llegue” para justificarse. Es en este momento cuando el fiscal carga contra Blesa para retratar en una sola frase la mascarada de los acusados y echar abajo su castillo de naipes. “No, a mí nadie me dio ninguna explicación de si había que declararlo o no”, a lo que fue duramente respondido con un “Usted era el presidente de Caja Madrid, a usted no le tienen que dar explicaciones, tiene que darlas usted”. Curiosamente, ahí residen todos los males, en que él “era el presidente de Caja Madrid”.

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