Ensalada familiar

Hace diez años España seguía metiendo ladrillos y ladrillos en su -por entonces- robusta mochila; la selección absoluta jugaba con Nadal, De Pedro e Ivan Helguera de titulares; el AC Milán ganaba la Champions League (fíjense el tiempo que hará); nos gobernaba un señor con bigote, se estrenaba Simbad, la leyenda de los siete mares; Barack Obama era miembro del Senado de Illinois, y -ya acabo- se iniciaba el juicio contra el capo del Hampa valenciano, Carlos Fabra. El men in black castellonense ha comparecido esta mañana para responder ante los magistrados de la Audiencia Provincial de Castellón por las reiteradas acusaciones de tráfico de influencias, cohecho y varios delitos fiscales que pesan sobre él.

carlos fabraDiez años, una guerra, dos mundiales, la Twitter, el Gin Tonic, dos recesiones y cuatrocientos cincuenta y cinco mil casos de corrupción después, nuestro particular Berlusconi, que en este país somos muy de copiar,  ha hecho pasar por el estrado a nueve jueces y cuatro fiscales para tratar, sin éxito, de llevar los huesos de este perro viejo a la perrera más cercana. Tras haber revuelto cielo y tierra, haber cabreado a más de uno, y haberse reído de algún otro, resulta que todo ha sido por culpa de una «ensalada familiar». Salta a la vista que no se trata del plato favorito de único hombre del mundo con una estatua corroída en mitad de un aeropuerto que sigue esperando que algún avión aterrice aunque sea por error. O eso fue lo que ha aducido Vicente Vilar, el empresario que denunció al señor que cae mal a todo el mundo, pero que estuvo 16 años al frente de la Diputación de Castellón. Y es que ahora Vilar exculpa al último cacique español y apunta a las (ex) mujeres de ambos, de las que asegura que se dedicaron a intercambiar maletines y bolsas de basura repletas de dinero. Cosa que no entiendo, porque si a mi marido le hubiera tocado la lotería siete veces, por un importe de 2,2 millones de euros, pues ¡perdona bonita! pero a mi no me traigas mierda a casa. Sería para otro par de gafas, supongo.

Sin embargo, el clímax de la declaración se ha vivido cuando Anticorrupción preguntó a Carlos Fabra el motivo de la visita conjunta que realizaron al Palacio de la Moncloa para, supuestamente, presionar a los ministros de Sanidad y Agricultura y, supuestamente, agilizar las autorizaciones para la fabricación de productos fitosanitarios por parte de la empresa de Vilar. «Le hacía ilusión visitar la Moncloa y yo no era quién para quitársela». Ojalá los guionistas de “How I Meet Your Mother” tuvieran este ingenio a la hora de escribir. Y es que a mi, personalmente, este señor me hace gracia más allá de que haya expoliado Castellón durante 20 años con el consentimiento, o permisividad, de Génova. Se ha reído de todos cuándo, cómo, dónde y cuánto ha querido, y eso en mitad de una crisis donde cada día puede ser el último, es de agradecer. Supongo. Además que yo le comprendo; si mi jefe me ve metiendo la mano en el tarro de los caramelos y no me dice nada, pues obviamente me voy a llevar hasta el salvamanteles que hay puesto debajo. Y sin pedir permiso.

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